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El papel del papel: el más revolucionario de los vehículos culturales.

Las cosas importantes se imprimen en papel. Por eso cuidamos cada proceso que hay detrás de una publicación.

The Real Calendar

The Real Calendar recoge 366 días en 300 portadas únicas, una pieza que traspasa el papel para continuar en el universo digital.

The Real Calendar es una agenda que propone un viaje único a través de 366 días llenos de fotografía, cultura y astronomía, con espacio cada semana para las ideas de quien la habita. A lo largo del año, la agenda acompaña a su dueño anunciándole los eventos naturales que se suceden — solsticios, lluvias de estrellas, lunas llenas — mientras, estación a estación, va construyendo una playlist que puede escucharse en la web del proyecto: una banda sonora que crece al ritmo del calendario. 

Como objeto, reivindica el valor de lo impreso desde su propia edición: 300 ejemplares, cada uno con una portada diferente, para que no existan dos calendarios iguales.

Para celebrar el lanzamiento del proyecto, además de enviar un ejemplar a una selecta lista de amigos, clientes y colaboradores, pusimos la publicación a la venta en Amazon. También llevamos a cabo diversas promociones a lo largo del año para que la gente pudiera disfrutar de las nuevas listas de reproducción que creábamos cada temporada.

La experiencia se prolonga en therealcalendar.com, el reflejo digital de la agenda: allí viven las playlists de cada estación, los movimientos astronómicos y los contenidos que amplían lo que el papel anuncia. Dos soportes, un mismo calendario: lo que se escribe en las páginas convive con lo que suena y sucede en la pantalla.

Salvar el mundo

Salvar el mundo reúne en 100 carpetas únicas las voces de quienes creen que aún estamos a tiempo, ilustradas por una inteligencia artificial creada para la ocasión.

Cien maneras de salvar el mundo: los textos de amigos y expertos convertidos en láminas de colección.

Salvar el mundo es una carpeta de láminas que reúne los textos de amigos y expertos en distintas materias con una misma ambición: salvar el planeta desde la sostenibilidad, el diseño, la arquitectura, la literatura, la música, la gastronomía o la tecnología. Editamos solo 100 carpetas y todas son diferentes entre sí: cada una contiene láminas distintas, de modo que nadie posee la misma colección.

Un viaje por el metaverso

Un viaje por el metaverso convirtió una pieza editorial en el billete de entrada al mundo digital: una guía impresa para conseguir el primer NFT.

El soporte más antiguo como guía hacia el territorio más nuevo: una publicación que explicaba, paso a paso, cómo cruzar al metaverso.

Vinculado a nuestro universo Art Army, este proyecto nació para acercar el mundo digital a quienes lo sentían lejano. Y lo hicimos desde el soporte más familiar: una pieza editorial impresa que explicaba, paso a paso, cómo transitar hacia el metaverso y conseguir un primer NFT. El papel como guía de viaje hacia un territorio que aún no se podía tocar.

Nuestro primer objeto phygital: una colección de pañuelos convertidos en activos digitales.

Nuestro primer objeto phygital: una colección de pañuelos convertidos en activos digitales.

Cada participante recibía un NFT único. Creamos cuatro obras inspiradas en las vanguardias y, con ellas, una colección de pañuelos que los usuarios podían probarse durante un tiempo limitado en Instagram.

Una experiencia lúdica entre dos universos, el físico y el digital.

Cada receptor del kit recibía una lámina seriada con estas obras, en una edición limitada de 25 ejemplares de cada una. Ahí comenzaba el juego: les dábamos los pasos para registrar sus obras en la blockchain, de modo que, además de la pieza impresa, obtenían un certificado de autenticidad digital imborrable.

Del registro digital a la seda: el premio a los veinte primeros.

Pero del registro digital también obteníamos algo. Los veinte primeros en registrar sus obras activaban la fabricación de los pañuelos impresos en seda, que recibían personalizados con su nombre en un plazo de quince días. El recorrido de la experiencia terminaba así donde había empezado: en un objeto real, único y exclusivo.